Puertas
En este mundo nuestro que nos hemos ido creando a través del paso del tiempo, las puertas han tenido siempre un papel muy importante. Al concepto mismo de la palabra encontramos ligados aspectos como los conceptos dentro-fuera, interior -exterior, privado-público, yo-los otros, familia-sociedad, etc.
Las puertas siempre me han parecido un elemento fascinante, separando mundos distintos, creando espacios llenos de significado, delimitando lo interior de lo exterior.
Las puertas abren y cierran cosmos, o mejor micro-cosmos, y es por esa razón que se usa la palabra puerta en muchas y variadas metáforas. En la misma casa, las puertas separan espacios con funciones bien distintas y concretas, así como la puerta principal separa lo particular de lo público. Esta funcionalidad manifiesta en el artefacto puerta, me plantea su percepción por nuestra parte.
¿Es una puerta buena, mala, o neutral? Yo abogo por que no hay una respuesta general para el planteamiento. ¿Es mala la puerta para un ladrón? Podríamos pensar que lo es, pues le impide el paso al ratero en nuestro microcosmos. Y.. ¿es entonces buena la puerta para nosotros, porque nos protege del malhechor que pretende importunar nuestro sosiego casero? Quizás en este caso. Pero ¿beneficia siempre la puerta a los de dentro? No cuando nos quedamos encerrados. O cuando nos encierran. Yo estoy completamente segura de que la puerta de sus jaulas es proporcionalmente mala a los ojos de mis dos conejos, a lo buena que lo es para el que espera el ataque del ladrón. ¿Y mi gato? Mi gato sale disparado en cuanto se le abre la puerta del jardín, cada mañana. Y no le gustan las puertas cerradas, las quiere abiertas, para tener libertad de movimiento. Y le gusta ejercer este tipo de libertad, moviéndose precisamente hacia los sitios que desconoce, los que están detrás de la puerta que siempre esta cerrada. Curiosa curiosidad, pienso yo entonces. Basta que no le deje entrar en un sitio para que él, o los otros dos conejos se empeñen en pasar por ahí. ¡Y después dicen que los animales tienen poco de humano! Es como si ellos supiesen que las puertas encierran microcosmos, y que cada puerta que uno atraviesa le lleva más allá en su camino hacia el exterior o veces paradójicamente a su interior.
Y yo me pregunto entonces: ¿se ven todas las puertas? Parece que no.
¿Las hay invisibles? Pues parece que sí. Porque muchas veces he oído yo el tópico excesivamente cursi de ” te doy las llaves de mi corazón…” , y pienso: que engorroso, abrir y cerrar cada vez que contactas con alguien esa puerta; es de las que acaban gimoteando pidiendo grasa en sus bisagras, ya bien por un uso excesivo, o por estar cerradas bajo llave largo tiempo.
Así que en este punto creo que cabe reconsiderar el uso de las palabras y el concepto que comportan cuando hablamos usando los términos interior y exterior, porque parece que abarcan más de lo meramente físico. El cuerpo es interior, pero comparado con el corazón puede funcionar como exterior. Siguiendo con la metáfora anterior, podemos afirmar que acostarse con alguien y abrirle la puerta del cuerpo no implica forzosamente abrir la puerta del interior de tu corazón. – Y no voy aquí a emitir juicios morales que ese es otro tema profundamente delicado-.
Cuando uno va abriendo puertas, entonces, se van consumiendo interiores, que dejan de serlo al abrir la puerta, y vamos de esta manera, y paradójicamente conquistando el exterior.
Y hay que recordar, en este punto, presos de la elucubración, que, aunque las puertas suelen resultar eficaces en temas disuasorios, no suelen ser infranqueables para alguien que ponga verdadero empeño en que se abran, o acaben cediendo. Dependiendo de los cerrojos, el material, y si contamos con un foso alrededor de nuestra morada o no, (con el cual la mayoría no contamos) nos costará más o menos persuadir al intruso para que no acceda en nuestro interior, pero no es imposible que lo haga. Aún así, nos queda un consuelo, aún a día de hoy…. y es que no todos los intrusos pueden ser malos. A veces, cabe considerar la posibilidad de que el mal no esté siempre fuera…. así como dicen de la verdad.
Laia Vilaseca.


Las puertas son obtsaculos que nosotros mismos ponemos alli para poder gozar de tranquilidad. Pero al mismo tiempo cohibimos nuestra libertad.
Las puertas son caminos que no podemos ver si no estan abiertas, y si no las abrimos jamas las podremos cruzar.
¿Sera que ponemos puertas porque nos da miedo la libertad? ¿y si pudiesemos ver todos los caminos sabriamos a donde ir?.Es muy posible que no. Por eso a veces es mejor que las puertas esten cerradas para que cuando las abramos podamos embarcarnos en un nuevo camino con la tranquilidad de no habernos quedados estancados en la indecision. Porque cada vez que abrimos una puerta la alegria de ver y conocer algo nuevo nos sacia mas que saber que hay detras de cada puerta.