A sketch of Bangkok
Bangkok es una ciudad increíble, con un llamativo colorido que baña desde los taxis hasta los múltiples rótulos que invaden las calles. Se mezcla, una tranquilidad provocada por el riguroso orden y la sorprendente organización urbanística, con pinceladas caóticas de las más antiguas tradiciones. Bajos las vías del “skytrain”, metro que circula por la ciudad como suspendido en el aire, sobreviven con sus primitivos carros de madera vendedores de carne y pescado frito en forma de brocheta. Se mezclan también, imponentes palacios cargados de motivos florares y figuras doradas, recuerdo de antiguas civilizaciones orientales, con mercadillos nocturnos abarrotados de jóvenes para comparar, a muy buenos precios, ropa a la última moda. En el corazón de la ciudad se esconden místicos remansos de paz, zonas reservadas a los monjes donde reina un respetuoso silencio, de calzadas simétricas con arbustos finamente recortados en formas geométricas perfectas. Los canales que rodean la urbe y sus orillas son quizás, los rincones más dejados, sobre el agua revuelta de un marrón fangoso, las barquitas de madera a motor, transportan a
locales y turistas alrededor de la ciudad, como autobuses marinos. Las casas mal construidas con piezas de madera desiguales, que desde las barcas se ven en la orilla, suspendidas frágilmente sobre el agua, ofrecen una visión muy distinta que la que se proyecta desde el centro; donde se marcan las sombras de los modernos y pulcros edificios bien erguidos. La zona comercial emana un aire vital y ajetreado de actividad constante, donde los peinados asimétricos de los adolescentes y las pantallas que proyectan imágenes destellantes sin cesar, aceleran el ritmo de la gente y uno siente haber viajado en el tiempo a una era futurista. Sin embargo, el mercado de flores que puebla varias manzanas y persiste hasta altas horas de la noche, impregna el ambiente de un delicado perfume, transportándote a una nostálgica era romántica llena de encanto ancestral. El barrio chino resulta otro reducto de singular carácter, la calle principal cual rio manso ,se nutre de miles de afluentes desordenados con abundante corriente de gente, sorteando los miles de artículos de toda índole que se despliegan en tenderetes. Junto a la vía del tren, que atraviesa un mercado de fruta con cierto olor a podrido, los más pobres montan sus mesas plegables para jugar a las cartas. Los transeúntes variopintos pueblan las calles, se agradece la calidez de la gente de a pie y resalta la sofisticación de los más adinerados y la discreción con que se
mezclan entre la muchedumbre las muchas chicas prostitutas que acompañan a turistas de todas las edades.Bang kok, es una ciudad llena de pequeños detalles cuidados, en los motivos decorativos de los palacios, en los abundantes mercadillos, en los pequeños puestos ambulantes, en las flores que decoran las calles…. pero a la vez, es la cuna de solidas construcciones, solemnes templos y amplios parques de mullido césped, sin duda un lugar de contrastes.
Rebeca


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