Letras en el olvido
Le temblaban las manos sujetando el sobre. A pesar de que estaba solo en casa, se había cerrado con llave en su habitación para leerla en total intimidad. Durante 10 años había guardado aquella carta, sin abrirla, por despecho y por rencor, pero nunca se atrevió a arrojarla. Ahora que abandonaba su casa y había vaciado todo la había reencontrado, en una pequeña cajita con otros recuerdos ya casi olvidados. Sabía que cualesquiera que fuesen las palabras que se escondían en aquel papel ya ahora no tendrían sentido, se preguntaba porque no la leyó en su momento y si ello habría cambiado algo. De cualquier modo, no osaba tirarla sin leer, lo que algún día ella escribió ¿con que intención? ¿con que esperanza?. Las sensaciones de aquellos días amargos de soledad y perdida le revolvieron el estomago, y unas lágrimas se aglutinaron al borde de sus tristes ojos. Abrio el sobre, y desplegó cuidadosamente las hojas. Los años habían corrido la tinta, y las palabras se habían mezclado en un descolorido amasijo de ininteligibles manchas. Ya nunca lo sabría. Una mezcla de impotencia, rabia y alivio le inundó el corazón. Y se marchó de aquella casa sin apegos.
Rebeca Arnal


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