La digestión de la violencia
Martha estaba estirada en el sofá envuelta en un pesado manto de pereza.
La tele sonaba de fondo con una película estruendosa de gritos y disparos. A Martha se le entrecerraban los ojos, los parpados casi inertes se dejaban arrastrar por la gravedad. De pronto algún disparo la sobresaltaba e intentaba retomar el hilo de aquella trágica trama de acción. Sumida en la oscuridad onírica oyó los gritos amargos de una mujer que se intercalaron en su sueño. Una mujer que sonaba muy cercana, que gritaba socorro. Martha sintió incluso que el techo sobre ella temblaba, como si los muebles cayeran empujados a traición contra el suelo. Mientras su imaginación procesaba aquellos sonidos dibujando borrosas imágenes de un gran armario de madera volcado se coló en su semi -sueño un grito espantoso que precedió al sonido de un cristal que estalla. Luego silencio. De pronto Martha abrió los ojos esperando encontrar una impactante escena en la pantalla, pero en la tele se reproducía pacifico un documental de animales, la película había acabado. Martha miró extrañada a su alrededor ¿Qué estaba soñando? El eco del chillido resonaba aun en su oído. De pronto desde lejos murmuros de sirenas se acercaban galopando. Martha se asomó al balcón para descubrir que desde el piso de arriba una pobre mujer había sido asesinada, arrojada sin piedad por la ventana. No había podido discernir entre aquellos reales chillidos de dolorosa angustia y la violenta ficción a la que estaba acostumbrada, quedándose inmutable postrada en el sofá.by Rebeca.


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