Vantage point (En el punto de mira)

vantage_point-cartell.jpgSalamanca. Conferencia sobre la lucha contra el terrorismo con la visita del presidente americano. Justo subir a la tarima, un disparo desde lo alto de uno de los balcones alcanza al presidente. Cinco minutos después, y entre la conmoción, una bomba en la plaza causa el caos y el terror entre los miles de congregados allí.

Pete Travis dirige Vantage Point , una película que con esta premisa, basa su estructura narrativa en la repetición sucesiva de los hechos desde ocho diferentes puntos de vista, los de los ojos de ocho personas, involucradas de un modo u otro en la acción en el momento del atentado. Así, la película intenta ser una especie de puzle con guiño al título (Vantage point= posición ventajosa o estratégica) de escenas que comparten tiempo, espacio o personajes, pero nunca las tres variables juntas, y que van arrojando pedacitos de verdad acerca de la trama.

De esta manera, nos encontramos con Thomas Barnes, (Dennis Quaid) encarnando a un guardaespaldas traumatizado, que ya le salvó la vida una vez al presidente Ashton, y que vuelve a la profesión después de estar retirado durante bastante tiempo por el incidente mencionado. Pero por supuesto que él no es el único guardaespaldas: Mathew Fox en el papel de Kent Taylor parece ser el único que confía en Barnes, aunque hay que decir que en esta película, Fox está más perdido de lo que lo ha estado nunca antes en la isla, quizás no tanto por su actuación como por el guión de Barry Levy, que no presenta problemas en cuanto a la acción pero si quizás en cuanto a la motivación de algunos de los personajes. Por otro lado, Forrest Whitacker encarna a Howard Lewis, un hombre con problemas maritales que ha decidido viajar a Europa, y que graba los minutos anteriores y posteriores al atentado, viéndose así involucrado en los hechos. Sigourney Weaver hace una relativamente breve aparición como Rex Brooks, la realizadora de las noticias que transmiten el evento para Estados Unidos, y Noriega (Enrique) aparece también más o menos brevemente como policía involucrado en la trama.
El papel de Saïd Taghmaoui (Suárez) y el de Ayelet Zurer (Verónica) completan el reparto juntamente con el extorsionado Javier, encarnado por Edgar Ramírez.

Aunque quizás la intención fuera buena en un principio, y la premisa interesante, Levy y Travis se dejan matices e informaciones importantes por el camino, ocho veces reseguido, relacionadas básicamente con las motivaciones de algunos personajes.
Así, uno se queda con la miel en los labios, y un tanto decepcionado, si bien hay que decir a su favor que, – aunque las repeticiones de la acción puedan cansar un poco-, Travis sabe mantener con más o menos acierto la atención del espectador a través de esta premisa estructural. Quizás el problema estribe más en la brusca resolución del conflicto, otrora esperada después del séptimo punto de vista, más que en la narración de la acción. Le parece a una que varios de los personajes se van de la pantalla sin haber dicho todo lo que tenían que decir, y que les han hecho callar antes de tiempo porque la película empezaba a exceder en tiempo… Creo que los guionistas y directores de este tipo de género deberían ser conscientes de que, desde que Jack Bauer llegó a las pantallas, las escenas de acción han dejado de ser fantásticas por el mero hecho de ser espectaculares, que los motivos y los personajes importan, y mucho, porque si no, nos da igual lo que les pase. Y yo en este caso aún no sé si me sabe mal el final de algunos de los personajes o no, pues no he tenido oportunidad de decidirlo. Los blancos y negros en motivaciones, como la mayoría de cosas en la vida, no tienen nunca la riqueza del mundo en technicolor, y menos cuando se trata de dar fuerza a un punto de giro como el que pretende la película en el tercer acto.

Por otro lado, y acerca de la realidad demográfica y lingüística de la ciudad donde ocurre la acción, hay ciertos lapsus que pueden contrariar al espectador que la conoce. Si bien es cierto que el mundo globalizado y la inmigración son temas del día y forman parte de la realidad del país, y se podría considerar que ésta podría ocurrir en un tiempo futuro, no puedo imaginarme a la mayoría de Salmantinos hablando con acento hispano ( no offence) , y mucho menos el alcalde. No aseguro que si el retrato de la ciudad y sus habitantes hubiera sido más fiel, la película hubiera mejorado inevitablemente, pero si habría sido sin duda más creíble.

Nos encontramos entonces, según mi opinión, con una de esas películas que no están mal para pasar un rato entretenido, pero que sin duda con una par o tres de arreglos hubieran podido mejorar mucho su calidad.

By Laia V.


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