DiBa Express 2008
Ayer, 15 de junio, se celebró el festival de clausura y la entrega de premios de la cuarta edición del Digital Barcelona Film festival en la Carpa Movistar de Barcelona. En el evento, se proyectaron entre otros, los finalistas del DiBaDoc y el DiBa Express, concurso que consistió en realizar un corto en 72 horas a partir de una palabra clave proporcionada por la organización, en este caso la palabra “tiempo”.
Lo que empezó como un acto festivo y de apoyo al arte cinematográfico y a la creatividad, terminó con cierto mal sabor de boca para algunos, que no acabamos de entender ni el criterio del jurado ni la tremenda falta de organización de los responsables del evento.
Desde el momento en que empezó la proyección de los doce finalistas, el ambiente se enrareció por momentos para muchos de los que habíamos participado y visto el amplio abanico de posibilidades con el que contaba el jurado para hacer su selección y lo que acabó siendo el resultado final. Sólo hay que entrar en el foro del concurso para darse cuenta de las opiniones que merece tal selección: según el punto de vista de muchos, no se ha valorado el corto en su totalidad (idea, realización, sonido, interpretación, edición) en absoluto.
Si bien algunos de los finalistas y ganadores aportaron algo original y tangible a los espectadores, (entendemos el punto irónico y musical de la peculiar versión al estilo “Al otro lado de la cama” del corto que ganó el premio Idea Express , y la actuación y la llamada a la emotividad de los actores en “El tiempo que nos queda”), tenemos la sensación de que se quedaron muchos por el camino que se merecían mucho más estar entre los finalistas que algunos “videoartistillas” que llaman cortos a sus obras cuando en realidad están tratando un género completamente diferente al mencionado, en el que la estética predomina por encima del esfuerzo narrativo y el de conseguir una pieza redonda y coherente; una confusión en la que el jurado no debería colaborar premiando la falta de originalidad y el escaso estrujamiento de sesos en lo que se supone es un concurso de cortos. Por otro lado, es importante remarcar que, aunque se entiende que el concurso es amateur, el jurado no valoró en absoluto los pocos cortos que se dignaron a apañárselas para buscarse una banda sonora que no fuera robada, y es que en este país se lleva la piratería y el siseo intelectual, y a nadie parece importarle. Lo que parece evidente, es que en una época en la que cualquiera puede crear una melodía más o menos decente con alguno de los muchos programas disponibles, la mayoría percibe que es mucho más cómodo y práctico utilizar las composiciones de otros, que son fáciles de reconocer y pueden ayudar a ganar 5000€ sin tener que pagar ni un duro por ellas. Por lo menos el jurado se dignó a dar los tres primeros premios a un corto sin sonido, uno de composición musical propia (corregimos, gracias a los comentarios que habéis posteado hemos descubierto una nueva verdad: la canción es una copia prácticamente exacta de la versión castellana del musical Rent, que viene a ser lo mismo que una traducción del original, no de creación propia, ), y uno que al menos se había dignado a agradecer a Mishima su colaboración. Si se justifica que algunos cortos con una calidad de imagen bajísima ganen, eso habría de hacer pensar que no es necesario tener una música genial que lo acompañe para poder seguir ganando, sea lo que sea, sería de esperar que el criterio fuera coherente con alguno de los dos casos.
Aún así, lo peor de esta proyección de despropósitos fue la sensación de la baja calidad y falta de creatividad que se respiró. Un claro ejemplo seria el corto finalista “El regalo”, en el que su creador jugó la baza del atrevimiento, por otra parte vista ya miles de veces, grabando un lienzo en blanco mientras una voz en off nos sugería que nos iba a regalar dos minutos de tiempo. Algunos deberían aprender que aunque a veces se les ocurra una idea que parece original en un principio, deberían investigar si ya alguien ha tenido la misma idea anteriormente antes de tirarse al agua, más si ésta se basa en su originalidad, que al no ser el caso, deja de serlo y pierde todo su valor. El corto, en realidad, debiera haberse titulado “El robo” , pues robaron dos minutos más a la paciente audiencia que, opiniones acerca de méritos aparte, tuvo que soportar la increíble desorganización en las proyecciones del festival y la entrega de los premios, un cúmulo de despropósitos llevado por una “organización” que se embolsó 50€ por cada participante en el DiBa Express, (lo que vienen a ser unos 6500€) que debieron quedar muy mal repartidos para culminar en tan triste final.
PD: desde nuestra más sincera humildad, y para los que queráis verlo, encontraréis el corto que presentamos en el link de myspace en el blogroll a vuestra derecha.



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