Soñando con tomates

tomatoesEn una ciudad gris y sobre poblada, entre las acogedoras jaulas de cemento y las largas calles asfaltadas vivía Saúl, en un oscuro entresuelo. Saúl era el pequeño de tres hermanos, su madre Ágata y su padre Agustín, buenos cristianos, sin estudios, tenían un colmado en el barrio. Habían tenido a su primer hijo con una especial ilusión. Sin embargo, los otros dos, fueron fruto del sano sentimiento del amor y la pasión con la circunstancia de que a ellos les habían educado en la creencia de que aquel acto apasionado representaba únicamente el proceso de la procreación y sentían que utilizar anticonceptivos era atentar contra la voluntad del señor. Por supuesto, sus otros dos hijos vinieron igualmente al mundo con amor, pero desde el nacimiento de Saúl sus padres decidieron dormir en camas separadas y apretarse el cinturón, porque la verdad es, que Ágata y Agustín no podían mantener una familia con tres hijos.Tras acabar la educación obligatoria, todos dejaron de estudiar y buscaron un trabajo para aportar dinero en casa. Vendieron el televisor, el lavaplatos y la máquina de coser para poder tener un poco más de dinero que Agustín muy parcamente administraba. Saúl era sin duda el más espabilado de los tres hermanos y también el más curioso y dicharachero. Desde bien joven con su admirable entusiasmo y optimismo se hizo popular entre la gente de la zona, y así empezó a ganarse dinero; haciendo trabajos y recados para la gente del barrio. Saúl pensaba que necesitaba un buen plan para cuando fuese más mayor, no quería como sus hermanos simplemente aportar un dinero a la casa sin que nada cambiara; sino que creía que debía montar un nuevo negocio propio para la familia. El colmado no tenía demasiado futuro teniendo en cuenta que el local era alquilado y que el propietario ya se estaba planteando montar una tienda informática, una estaticen o a algo que le diese más beneficio que un pequeño colmado a dos calles del supermercado. Así que Saúl pasaba las noches en vela, con la estruendosa serenata de los ronquidos de su hermano de fondo, pensando en maneras de conseguir su objetivo.

Entonces un septiembre Saúl se fue a trabajar como jornalero a la recogida de tomates. El mundo agrícola le fascinó y le pareció un bonito negocio familiar. Mientras trabajaba se propuso averiguar todo lo relacionado al cultivo y venta de tomates. El amo de la finca no era demasiado amable pero Saúl se lo supo ganar y sonsacarle los conocimientos que el hombre tenia sobre como funcionaba todo aquello. Cada vez lo veía más claro, podría vivir en sus tierras en vez de en la ciudad que le parecía demasiado caótica, ocupándose de sus tomates. Sin embargo sus hermanos mayores no compartían su “utopía” como ellos la llamaban. El mayor llevaba cuatro años de relación con una chica egoísta y altanera, pero que disponía de una suculenta cuenta bancaria, que su hermano veía como la salvación, así que gastaba toda su energía en trabajar y complacer a aquella desagradecida chiquilla. El mediano ayudaba en el colmado y trabajaba por las noches, no quería hacer planes porque el creía que ese era su destino y para no caer en la envidia, la avaricia y el anhelo de querer cosas que nunca tendría, se había resignado a una vida austera.

Cómo su familia no creía en él, Saúl fue con su idea a uno de los vecinos para los que muchas veces había hecho recados, el Sr. Andreu, que trabajaba en un banco y que por suerte o por casualidad era un hombre honrado. El Sr. Andreu le tenía un especial aprecio y le escuchó con atención. – Es una buena idea Saúl, pero te costará mucho esfuerzo y dinero. – Le planteó el Sr.Andreu, así que Saúl se concentró en conseguir dinero.

Saúl pensó, que para tener un buen trabajo, debía aprender un oficio; así que se puso a trabajar y aprender con el carpintero del barrio que era ya mayor y necesitaba ayuda. El carpintero le pagaba un buen sueldo pero no era suficiente así que Saúl empezó a trabajar también descargando cajas los fines de semana, en un almacén alejado de la ciudad. Era mucho el dinero que necesitaba para cumplir su sueño así que pasó los siguientes 5 años trabajando y trabajando y haciendo cualquier trabajo extra en las pocas horas que le sobraban. Saúl aportaba una cantidad a la casa pero apenas estaba en ella sino para dormir, y tampoco tuvo mucho tiempo para hacer amigos; aunque Saúl dejaba huella en todos los que compartían aunque fuese unos instantes de su camino. Él seguía soñando con sus tierras cubiertas de sanos tomates y todo esfuerzo le parecía poco.

Tras los 5 años volvió a ver al Sr. Andreu con todo lo que había ahorrado. El Sr.Andreu con mucho gusto le ayudo a conseguir un crédito y la compra de un modesto pero prometedor terreno en las afueras de la ciudad cerca de la costa. El primer día que Saúl vio sus tierras no lo podía creer. Un gran cuadrado de matojos y tierra fértil. Sus padres ya jubilados estaban muy orgullosos de él. Su hermano mediano, contento con lo que Saúl había conseguido decidió irse a la costa con él y ayudarle a plantar todas las tierras. En los próximos 2 años, Saúl y su hermano construyeron una pequeña casa para vivir en las tierras y araron, abonaron y plantaron las semillas de los futuros tomates. El Sr.Andreu les animaba y ayudaba y los hermanos eran siempre rigurosos en los pagos. Para hacer frente a todos los gastos su madre les regaló también las pocas joyas que tenía, insistiéndoles en que las vendieran y utilizasen el dinero para conseguir su sueño. Un año más tarde las tierras rebosaban tomates brillantes y apetitosos, y Saúl y su hermano bajaban cargados a los mercados de la ciudad . Por primera vez en mucho tiempo Saúl pudo sentarse a la entrada de su modesta casa, fumarse un pitillo que antes no fumaba porque no podía permitirse y contemplar, que sin duda, había echo su sueño realidad.

Entonces el Sr.Andreu le llamó llorando, y él nunca había visto al Sr.Andreu llorar ni estar tan triste, así que supo que pasaba algo malo. Las tierras que Saúl había adquirido tenían que ser expropiadas porque se había desarrollado un nuevo plan de urbanismo que incluiría una carretera que tenia que pasar justamente por donde estaban sus tierras. Saúl no se lo podía creer, le invadía una increíble sensación de impotencia, eran sus tierras……..sus tomates………. En compensación, Saúl recibió un sobre con un cheque. Y ahí estaba Saúl, con el cheque en sus manos intentando contener las lágrimas que furiosas resbalaban por su rostro, mientras las excavadoras se acercaban amenazantes para destruir, sin más, su sueño.

by Rebeca.


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