Tostados de frambuesa
No me puedo creer que me haya puesto otra vez la mermelada de frambuesa.
¡Hasta ahí podíamos llegar! Imposible que se haya equivocado. Esto lo hecho con premeditación. ¡Con premeditación y alevosía! ¡Se va a enterar la imbécil esta!
- ¡Tu, Olga! ¡Ven aquí!
Otra vez el pesado este. ¡A ver! ¡A ver que queja tiene ahora el gilipollas este, que es que no conozco a nadie tan patán como aquí “el lumbreras”!
- Dime, Damián.
- ¡No me seas condescendiente haz el favor! ¡Eso lo primero!
- ¡Pero si no he abierto la boca!
Damián mueve su grande testa, de un lado para otro, desaprobando la réplica de la
camarera.
- El tono, Olga, El tono.
- ¿Qué quieres, Damián?
- Me has puesto la mermelada de frambuesa.
- ¿Y?
- Ese tono chata, ese tono.
- No me llames chata, Damián, que te lo tengo dicho.
- Y yo te tengo dicho que la mermelada la quiero de fresa. ¡Fre-sa! ¡Fre-sa! No de fram-bue-sa. ¿Entiendes? ¡Que no son la misma puta fruta, joder!
- Lo siento, me debo haber confundido.
- No.
- ¿Perdona?
- No me vengas con estas, que no te has confundido. Lo has hecho para joderme. Porque sabes que me jode. Porque en casa nunca hubo mermelada de frambuesa en la nevera.
- Damián, cada día estas peor.
- Es verdad. Por tu culpa.
- No voy a discutir más acerca del asunto. ¿Quieres que te la traiga de fresa, la
mermelada?
- ¡Os podéis ir a tomar por culo tú y tu mermelada de fresa!
- Entonces, ¿te quedas con la de frambuesa?
- Lo peor es que me tomas el pelo.
- Lo hago por mi salud mental Damián. No hay otra manera de que pueda trabajar
contigo aquí, jodiéndome las veinticuatro horas del día.
- Quiero mi mermelada como te la he pedido, y si no, ya me estás trayendo la hoja de
reclamaciones, que me encargo yo de que esto no vuelva a pasar.
- Puedo traerte la mermelada de fresa, si eso es lo que quieres, y nos dejamos ya de
gilipolleces.
- Exacto.
- Pues eso.
Laia Vilaseca


Un mal dia no?