Corriendo, corriendo, me metí en la iglesia y subí a lo alto del campanario; traspasé la delgada barra de hierro que rodeaba la torre me senté exhausto al borde, porque ya no podía avanzar más. Todavía algunas gotas de sangre me caían de la nariz, manchando las piedras milenarias sobre las que estaba sentado.
Observé la vista estanca de las viviendas amontonadas, desde aquí arriba parecía como si no hubiese vida en el pueblo. Los rayos de sol bañaban los tejados produciendo destellos aquí y allá, el bullicio de las calles llegaba casi imperceptible y poco a poco recuperé el ritmo de mi respiración.
De pronto ví a mi padre salir al terrado de casa, desde las alturas su tamaño minúsculo le hacía parecer más frágil, menos amenazante. Papá siempre subía a fumar al terrado, porque mamá no le dejaba fumar en casa; era la única regla que él respetaba, pero seguramente más por egoísmo, que por otra cosa, porque le gustaba fumar al aire libre, libre de las miradas de los demás, ajeno a lo que sucedía bajo sus pies.
No era la primera vez que mi padre me pegaba una paliza, pero si la primera que yo me intentaba defender. Al ver que no era una cuestión de fuerza, sino de enorme rabia, odio y enajenación que yo era incapaz de sentir, supe que saldría perdiendo y por eso eché a correr, a correr sin parar, aunque nadie me perseguía,entre las estrechas calles hasta la llegar a la plaza de la iglesia, y hasta aquí.
Desde aquí arriba las cosas parecían distintas, me sentía tranquilo, me sentía seguro y me sentía libre, tan libre que me entraban ganas de saltar, extender los brazos y sobre volar cual pájaro, las casas apiñadas hasta dejarlas atrás.
Pensé en los secretos que escondían los desiguales tejados y las pequeñas ventanas que quedaban a la vista, me imaginé a Clara, desvistiéndose grácil en su intimidad, o a la Sra. Matilde removiendo la olla de lentejas, que cocinaba cada sábado cuando su hijo venía a cenar.
Volví a fijar a vista en la pequeña figura de mi padre, me preguntaba porque albergaba tanto odio; tanto yo como mamá intentábamos no disgustarle, pero era tan imprevisible , que lo que le disgustaba el lunes, le hacía reír el martes y lo que nuca le había molestado, de pronto le era insoportable. La gran tragedia de mi padre era que no podía expresarse, las palabras le eran incomodas, insuficientes, insulsas, sin embargo hoy habían bastado dos palabras para que descargara su ira contra mí. Él comprendía bien lo que cada palabra significaba, pero era incapaz de usarlas. Ni siquiera cuando estaba bien sabía comunicarse. Quizás esa era su gran frustración y era la impotencia lo que le llevaba a acabar siempre expresándose con las manos. Con eso era bueno, tanto para dar el más amargo de los puñetazos, con una fuerza totalmente incontrolable, como para dar la más tierna de la caricias. Esas caricias eran las que hacían que mamá todavía no le hubiese abandonado; pero ¿hasta cuando se puede perdonar?.
Ahora, en la soledad y el silencio de las alturas, todo parecía más simple. Quizás por ello a mi padre le gustaba subir a fumar al terrado. ¿Que estaría él pensando ahora?.
El escaso débil viento cesó de soplar durante unos segundos, mi padre permanecía quieto como una estatua, las casas inmovibles sin rastro de movimiento humano, cual pueblo fantasma o adormecido, durante esos segundos sentí que el tiempo se paraba.
La vida volvió con el súbito retumbar de las campanas, que invadieron el ambiente con su metálico sonido, como una gran onda expansiva que se extendía por los tejados de las casas, colándose por las rendijas para llegar hasta el último rincón del pueblo. Estando tan cerca el ruido era ensordecedor, estaba tan abrumado por el estruendo que no acerté a contar las campanadas. Aquí y ahora no importaba que hora era. La sensación de placidez, de calma, que me abrazaba cada vez con más fuerza desde que me hube sentado, se acentuó cuando las campanas dejaron de sonar; el pueblo extendido a mis pies, y solo yo y mí pensamiento…deseé quedarme aquí toda la eternidad; Y tras este pensamiento, mi mente se tomó un descanso, y permaneció en silencio.
Había olvidado el dolor de los golpes, y el rencor, sólo las gotas de sangre que habían quedado en la piedra me recordaron porque estaba aquí.
Nunca antes había subido al campanario, de hecho nunca antes había entrado en la iglesia, algo insólito para llevar toda la vida viviendo en el pueblo; pero yo no creía en Dios, ni en su doctrina ni en sus mandamientos. Tenía mi propia teoría: la vida no es más que una sucesión de acontecimientos, y el ser humano debe buscar las herramientas para aprender a sortearlos.
De pronto ví a mi padre desplomarse en el suelo. Permanecí inmóvil, observando, mi estado de relajación era tal, que ni si quiera se me sucedieron malos pensamientos,me sentía como un espectador ajeno. Al ver que no se incorporaba de nuevo, inconscientemente se truncó mi calma, y me recorrió un nervioso sentimiento tenso, que no supe identificar con claridad; era una mezcla de temor, de incertidumbre, de preocupación, pero asomaba un atisbo de alegría, de esperanza, o quizás de alivio.
Quería quedarme aquí y dejar pasar el tiempo, pero mi corazón latía angustiado, solo de tener aquel egoísta pensamiento. Me incorporé, pasé la barra de hierro, y corrí escaleras abajo, corrí tan rápido como pude, incluso más que cuando estaba escapando.
Corría temiéndome lo peor y sintiéndome cada vez más culpable. Contra más me acercaba a casa, más esperaba encontrarme a mi padre sentado en la mesa, esperando exigente la cena. Pero no fue así, mi madre estaba en la cocina, pelando patatas, canturreando; yo entré corriendo, veloz como un rayo y subí directamente al terrado. Mi madre lloró toda la noche. Yo no volví a llorar nunca más.
Rebeca

La Galeria Cosmo, se inaugura en Barcelona con una exposición que presenta la obra de 3 artistas nacionales de diferentes disciplinas.
El director de The Queen o Dirty Pretty Things (Negocios ocultos) entre otras, Stephen Frears, dirige esta vez un apasionado e irónico romance.
Las interpretaciones de los 3 son impecables, pro hay que decir que Michelle Pfeiffer destaca especialmente, esta guapísima y resplandeciente, su interpretación es fuerte y sólida, traspasando la pantalla con una sutil sensibilidad, quizás digna de Oscar.
Let’s say this is one of the weirdest jet most common movies I haven seen in a long time, it has a strange mixture between surrealistic and completely daily events.
Robin Williams is the main character, Lance, a frustrated writer and a poetry teacher at high-school who lives with his arrogant, lazy and sexually obsessed teenage son. Suddenly a tragedy occurs that will change Lance’s life abruptly.
El cansancio, la impotencia, la falta de resultados le apresaban y en su pecho no cabía más rabia. Llevaba semanas encerrado, haciendo cálculos fracasados para ubicar la posición de aquella señal repetitiva y aguda que en mala hora recibió en el transmisor de la cara este de la colina.
The 2009 Shrink movie starring Kevin Spacey as main character, may not be a box office hit, but it is carefully crafted and has something special.

spontaneous; although some of the actions are not properly justified, leaving a slight sensation that some of the things that occur are a bit forced.
La última película de Woody Allen, la número 40 en su extensa lista de producciones, retoma el estilo que hizo famoso a éste guionista y director. Tras innovar en cierta manera en sus últimos films, Woody vuelve a las andadas, con un protagonista que tiene mucho de su propio carácter y sitúa la historia en su ciudad estrella, Nueva York, donde no rodaba desde el 2004 (Melinda & Melinda).
Boris, es un cincuentón, genio de la física cuántica, que sufre ataques de pánico y vive amargado y decepcionado con la naturaleza humana, hasta que un día conoce a Melody, una joven que se ha escapado de casa y se mete en su vida desbaratando su preciada rutina. Luego llegarán a sus vidas, la madre de Melody, despechada y perdida y más tarde su padre, desesperado por reencauzar su vida familiar, que se mezclaran con Boris y sus amigos, encontrando cada uno un nuevo y sorprendente camino en la vida.
De hecho el estilo es muy teatral, tanto en la escenografía como en la realización.En cuanto a la interpretación la teatralidad es quizás demasiada; para mi gusto los personajes están un tanto sobreactuados, sobretodo, el de Boris (Larry David), cuya gracia queda eclipsada por la frescura e ingenuidad de Melody (Evan Rachel Wood) y su madre (Patricia Clarkson) que dan vida a la historia. Quizás el personaje de Boris, ha sido tantas veces explotado por el director, que ya no causa tanto impacto.
Como todos a los que os interesa ya sabréis, el pasado miércoles se entregó el Premio Nobel de Literatura 2009, a Herta Müller, una escritora de origen Rumano, aunque muchos titulares han denominado alemana, ya que ha vivido gran parte de su vida en Berlín. Con ella ya son 10 las mujeres galardonadas con el premio Nobel de literatura en el siglo XX.
I was looking straight into him. His face buried in bitter tears, his eyes swollen, begging for mercy. I couldn’t do it, I knew I wouldn’t be able to get over it again. How could I stop me?
PopCo es la sexta novela de Scarlett Thomas, escrita en 2004. En ella, de la mano de Alice Butler como protagonista, la autora nos presenta un collage de múltiples historias que aderezan la trama principal de la narración. Cuentos de piratas, la receta de un pastel, publicidad, estrategias de marketing, criptogramas, vegetarianos y matemáticas, constituyen algunos de los temas más relevantes de esta novela que la autora ha pretendido narrar con un “Patchwork approach” según sus propias palabras, para crear un estilo diferente al de la típica fórmula narrativa, con el que asegura divertirse mucho más al escribir.